Abandono del comando Gañote

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Se cumple el cabo de año y el comando Gañote ha abandonado a las víctimas, familias y compañeros

El cabo de año es una tradición de la religión católica, apostólica y romana. Se trata de celebrar con cariño y respeto el aniversario del fallecimiento de una persona amada, querida; más que un amigo, un compañero, un hermano. Y en Barbate, fueron dos los guardias civiles asesinados en el puerto aquella fatídica noche por una narcolancha. Este año, además de recordar el dolor, hemos sentido el desprecio. Y eso jode más, mucho más, llegando desde tus propias filas.

Un año después, los conductos oficiales han abandonado a las familias de los guardias civiles asesinados. Ya es mala suerte la coincidencia del aniversario en domingo. Hizo imposible acudir a jefes de la Guardia Civil —y al comando Gañote— para arropar a viudas y huérfanos, madres y compañeros en el puerto de Barbate.

Recordemos

El día 9 de febrero de 2024 azotaba la costa de Cádiz un temporal de oleaje y viento tremendo. Los barcos se refugiaron en los puertos; las narcolanchas que trafican drogas entre Marruecos y España, también. Habitualmente esperan en alta mar la bonanza de las olas para trasladar droga entre África y Europa; otras embarcaciones similares aguardan a mitad de camino para abastecer de combustible.

Ese día, el alcalde de Barbate se quejó amargamente de la presencia de narcolanchas en el puerto. Durante todo el día los mandos de la comandancia de Cádiz, incluidos aquellos en comisión de servicio —como el GAR—, evaluaron cómo hacer frente a las narcolanchas. El Servicio Marítimo carecía de embarcaciones en funcionamiento; averiadas, lamentablemente una situación muy habitual en la zona.

Buscaron alternativas para expulsar del puerto a los presuntos delincuentes. Se encontraba disponible una “goma” de salvamento del GEAS —Grupo Especial de Actividades Subacuáticas—, para ser utilizada contra las lanchas semirígidas con motores de gran potencia. La embarcación de la Guardia Civil fue tripulada por cuatro agentes del GEAS y dos del GAR —Grupo de Acción Rápida—; estos dos agentes eran los únicos especialistas en intervenciones especiales. Una narcolancha pasó por encima de la “goma”, asesinando a dos agentes y con heridas de diversa consideración a los otros cuatro.

Por casualidad, el jefe de la comandancia se encontraba en el teatro Falla de Cádiz, donde se celebraba la final del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas. ¿Se acuerdan cuando Marlaska —sin vergüenza alguna— se fue a cenar una hamburguesa, regada con vino blanco y un mojito de postre, mientras los agentes de Policía Nacional se enfrentaban a una de las noches más terribles de los sucesos separatistas contra España en Barcelona? Preocupao, poco.

El guardia civil, tampoco.

En todo momento, según han declarado agentes de la Guardia Civil, se mantuvieron —y grabaron— las conversaciones a través de los teléfonos oficiales de los mandos.

Investigación

La investigación derivada de la responsabilidad en el servicio ordenado ha quedado archivada. ¿Se sorprenden? Las conversaciones OFICIALES grabadas se consideraron protegidas, ya que un oficial ha esgrimido su derecho “a la intimidad”. ¡Hombre, por favor! Usted no hablaba con su chatina, sino ordenando un servicio con un material ciertamente inapropiado y con personal en número muy reducido. ¿Qué temor tiene a desvelar las órdenes, el sentido de ellas, el argumento necesario para prestar ese servicio potencialmente muy peligroso para la seguridad integral de los agentes?

¿Nos olvidamos del alcalde también? Poco nos acordamos del político, quien llegó a afirmar que los tripulantes de las embarcaciones “no son de Barbate”. ¿Cómo sabía él si eran o no ciudadanos de su municipio? ¿Hay un censo de tripulantes de narcolanchas? ¿Qué tiene que ver el lugar de nacimiento o residencia de pilotos y tripulantes?

El olvido del comando Gañote

En el primer aniversario, las familias, compañeros y amigos han sentido el abandono del comando Gañote. Desde el ministerio del Interior —dirigido por Fernando Grande-Marlaska—, se prohibió acudir de uniforme a dicho homenaje en el puerto de Barbate. ¿Qué peligro ve el —presuntamente— señor ministro en la vestimenta verde oliva en un acto para recordar a quienes dieron su vida por España? Sí, por España. Porque los compañeros acudieron allí para cumplir y hacer cumplir la legislación vigente de este nuestro hermoso país.

La maldad del —presunto— señor ministro no quedó ahí. Los acomplejados jefes de la Guardia Civil no acudieron ni de paisano a cumplimentar el recuerdo de aquellos compañeros —¡compañeros, a pesar de no tener el mismo empleo ni escala!— en la orilla junto a las familias. El humilde y sentido acto previsto consistió en unas palabras de los familiares y compañeros, lanzar al agua una ofrenda floral. ¡Ojo, en recuerdo de los asesinados y los heridos que aún viven, gracias a Dios!. Sin embargo, un buen número de compañeros sí acudieron de uniforme, en señal de respeto, cariño, compañerismo, profesión. ¡Olé por ellos!

Mala suerte, era domingo. Y los domingos, como casi todo el mundo sabe, hay lugares donde se está mejor que recordando a aquellos de tu misma empresa, vocación, servicio, afán de ayudar a los demás. Es un día festivo, poco que hacer, salvo para el comando Gañote.

A muchos nos viene a la memoria esos domingos elegidos por asociaciones de veteranos; veteranos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y Ejército, especialmente. Esas asociaciones celebran reuniones luciendo uniformes —que otrora usaron en activo— adornados por múltiples condecoraciones en el pechamen; tan numerosas condecoraciones que extraña su procedencia y mérito. De unas asociaciones a otras se regalan dichas distinciones para adornar ese preciado y precioso uniforme.

Ellos —nosotros—, una vez en la situación administrativa de retiro —jubilado—, dejamos de estar bajo el Régimen Disciplinario de la Guardia Civil. Por tanto, vestir el uniforme es un honor —no cabe duda alguna—, y debería ser un deber —fijo que más de uno lo tenemos interiorizado— en el homenaje a un compañero asesinado. Ahora bien, si con ello se corre el riesgo de ser apartados de las invitaciones oportunas para el pincho y vino español en determinados festejos de los acuartelamientos, no cabe duda el precio del portador de dichas prendas.

¿Por qué sí acudieron a la misa en Pamplona —con mandos— y se ausentaron de Barbate —con las familias—? ¿Da mejor sombra un triple mantecado que ofrecer tu hombro a viudas y huérfanos junto a la mar?

En fin. Tras un año, las familias, amigos y compañeros de los guardias civiles asesinados y heridos en el puerto de Barbate hemos conocido quién son nuestros compañeros y quienes están en el lado del enemigo. Tengan ustedes buen viaje con el comando Gañote.

Posdata

“Señor, señor, cuídame de mis —presuntos— compañeros, que del enemigo ya me cuido yo”.

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